Muchos de nosotros hemos empleado la frase "el Dojo es como mi segunda casa" o "paso más tiempo en el Dojo que en mi casa". Sin embargo aunque se entiende perfectamente el contexto en que se utilizan estas palabras, nunca o en muy pocos casos sustituirá la labor de socialización que debe cumplir la Familia como agente que nos transmitirá los valores, normas o prejuicios culturales.
La Familia es la institución social básica que tiene como finalidad la socialización del individuo (en términos estrictamente teóricos). Ésta selecciona de todo el contexto de valores aquellos que va a transmitir, valora los contenidos transmitidos e interpreta los valores.
El Dojo, entendido no como un lugar físico sino un punto de encuentro de practicantes de artes marciales se podría clasificar como un agente de socialización secundario o de segundo contacto, siendo los primarios la familia, familiares cercanos y la escuela, pero que no deja de cumplir un papel importante en la estimación y refuerzo de valores.
El Dojo entendido desde el Budo, realza valores como respeto, tolerancia, convivencia y obediencia, no por sumisión o servilismo sino por respeto a las leyes y la reglas morales de la vida.
Como practicantes de artes marciales debemos ser partícipes y velar porque estos valores estén siempre presentes en lo que "llamemos Dojo", así sea el garaje de nuestra casas, la pequeña habitación, el gimnasio o sala, pues éste cumple una labor importante en la formación de ciudadanos que valoren y respeten a sus semejantes y dispuestos a superarse.
