Homenaje a Pablo Pena

En esta oportunidad la quiero aprovechar para hacer un homenaje a un hombre, guerrero, artista marcial y sobre todo buena persona.
Por qué hago este pequeño reconocimiento?
Porque tuve la oportunidad de conocerle no solo como artista marcial sino como compañero.
Pablo fue y es allí donde se encuentre un hombre que vivía las artes marciales no solo como disciplina deportiva o sistema de defensa personal sino como "Forma de Vida".
Principios como el Honor y la Lealtad rigieron su vida demostrándolo en sus acciones.
Pablo y yo nos conocimos como todos los venezolanos en el exterior, al escuchar nuestro acento nos identificamos y presentamos inmediatamente descubriendo amigos y maestros en común del mundo de las artes marciales de Caracas, Venezuela. 
Lamentablemente su partida me ha hecho ver la importancia de nuestro encuentro y no tuve la oportunidad de agradecérselo. 
El fue quien me hizo apreciar y conocer "Las Artes de Lucha de mis Ancestros"
Yo, aunque nací en Venezuela fui criado con leche, gofio, sardinas asadas, folias y malagueñas, pues mis padres nacieron en Canarias y me transmitieron su añoranza y amor por la tierra que les vio nacer. Al atardecer cuando el sol se ocultaba y refrescaba, nos sentábamos los chiquillos a escuchar los cuentos y las memorias de nuestros padres y abuelos. Mi padre y mi tío en las proximidades de las fiestas de la Virgen de la Candelaria "jugábamos a luchar".
Cuando emigré a Canarias siempre tuve esa curiosidad por conocer aquellas cosas que admiraba de "La Tierra de Mis Padres" y que tanto me llamaban la atención como artista marcial. Pero fue la casualidad o causalidad de la Vida donde Pablo, gerente del gymnasio donde practicaba Eskrima Filipina me dice:
"Jonathan, por qué no vienes un día y pruebas una clase de "Tolete Canario" que seguro te va a gustar"
Y no se equivocó.
Aquel hombre que era venezolano como yo y peor aún, no tenía ascendencia directa de canarios era Maestro y Campeón Nacional de esta disciplina. 

Pablo, allí donde estés, GRACIAS.